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Logopedia

Mi hijo tiene poco vocabulario: siempre dice "cosa" y "eso"..., cómo ayudarle a ampliarlo

No encuentra la palabra exacta y tira de comodines o muletillas: "cosa", "eso", "chulo". Te explicamos por qué el vocabulario se construye poco a poco, con cada palabra escuchada y usada, y qué se puede hacer en casa para ampliarlo sin agobios.

Aprendibase
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3 de septiembre de 2026
Niñas de espacio de copia con burbujas de chat

"Mamá, pásame la cosa esa de ahí". Señala con el dedo, porque el nombre exacto —el cazo, la espátula, el colador— no le sale. Cuando cuenta algo que le ha pasado en el recreo, todo es "chulo" o "guay": el juego era chulo, el dibujo era chulo, el amigo nuevo también es chulo. Y cuando le preguntas por un detalle, recurre siempre a las mismas cuatro palabras de siempre. ¿Te suena?

No es que tu hijo no tenga cosas que contar, ni ganas de contarlas. Es que, en el momento de ponerle nombre exacto a lo que quiere decir, no encuentra la palabra precisa y tira de un comodín que le sirve para casi todo: "cosa", "eso", "chulo".Funciona, sí, pero a costa de dejar fuera muchísimos detalles.

En este artículo te contamos por qué el vocabulario se construye palabra a palabra, muy despacio y con mucha repetición, y qué puedes hacer en casa, sin convertir el rato de contar el día, en un examen para ir ampliándolo poco a poco.

El vocabulario no se aprende de golpe: se acumula palabra a palabra

Cada palabra nueva que un niño incorpora de verdad a su vocabulario ha pasado antes por varias fases: la ha escuchado (probablemente muchas veces, en boca de distintas personas), la ha entendido en un contexto concreto, y por último la ha usado él mismo, con sus propias palabras, en una frase propia. Solo entonces la palabra queda de verdad "suya", disponible para usarla cuando la necesite y no solo cuando alguien se la dice.

Esto explica por qué leer cuentos, escuchar conversaciones de adultos, ver documentales o simplemente hablar mucho en casa, tiene un efecto tan directo sobre el vocabulario. Cuantos más contextos distintos rodean a una palabra, más fácil es que quede interiorizada. Una palabra que se escucha una sola vez, es raro que se quede, una palabra que aparece en cinco situaciones distintas —un cuento, una conversación, un cartel de la calle, un juego— tiene muchas más papeletas de quedarse, interiorizarse y generalizarse a diferentes contextos.

Por qué recurre siempre a "cosa", "eso" y "chulo"

Las palabras genéricas son un atajo muy útil: sirven para casi todo y no exigen pararse a pensar. Si el cerebro tiene que elegir entre buscar la palabra exacta —espátula, entretenido, sorprendido— o soltar el comodín de siempre, y nadie le pide lo contrario, es normal que gane el camino más corto. Cuanto menos se le exige precisar, menos entrena esa búsqueda, y menos vocabulario preciso termina teniendo disponible.

A esto se suma que muchas palabras concretas —adjetivos que describen tamaño, forma o estado de ánimo; verbos que precisan una acción — apenas aparecen en el habla cotidiana si nadie las introduce a propósito. Ninguna persona nace sabiendo que "correr", "trotar" y "esprintar" son matices distintos de una misma acción: hay que haberlas escuchado y usado para diferenciarlas.

Qué se pierde cuando faltan palabras

Tener poco vocabulario no es solo "hablar peor", tiene consecuencias muy concretas en el día a día, sino que también afecta a la comprensión lectora. Un texto que usa un vocabulario algo más rico de lo habitual se vuelve más difícil de entender, no porque el niño no sepa leer, sino porque muchas palabras del texto simplemente no forman parte de su vocabulario.

Señales que conviene observar

  • Recurre con mucha frecuencia a palabras comodín como "cosa", "eso" o "chulo" en lugar del nombre preciso.
  • Repite siempre las mismas palabras para describir cosas muy distintas entre sí.
  • Usa verbos genéricos ("hacer", "poner", "decir") en lugar de verbos más precisos ("construir", "colocar", "susurrar").
  • Le cuesta describir con adjetivos el tamaño, la forma o el estado de ánimo de algo o alguien.
  • Pregunta poco el significado de palabras nuevas que escucha, y tampoco intenta usarlas después.
  • Sus redacciones o cuentos inventados suenan "planos", con vocabulario muy repetido.

Cómo ampliar el vocabulario en casa, paso a paso

La buena noticia es que el vocabulario responde muy bien a la práctica cotidiana, sin necesidad de convertir cada conversación en una lección. Basta con introducir, de forma natural y repetida, palabras algo más precisas de las que tu hijo usaría por sí mismo.

  • Trabaja por categorías y campos semánticos: cuando salga el tema de la cocina, de los animales o del cole, aprovecha para nombrar varios elementos relacionados de una vez.
  • Introduce sinónimos y antónimos con matices: en vez de corregir un "chulo" con un simple "bonito", ofrece varias opciones ("precioso", "llamativo", "original") y deja que elija la que mejor encaje.
  • Nombra con precisión el tamaño, la forma y la emoción: "enorme" en vez de "grande", "triangular" en vez de "así", "nervioso" en vez de "raro".
  • Sustituye verbos genéricos por verbos precisos: "hacer" un dibujo puede ser "diseñar", "trazar" o "colorear" según el momento.
  • Enseñale nexos de unión para enlazar las ideas al hablar y al escribir.
  • Asocia las palabras nuevas a imágenes y contextos concretos: un cuento ilustrado, un cartel, una foto, ayudan a que la palabra se quede pegada a algo visual y facilita la memoria.
  • Pídele que use la palabra nueva en una oración propia el mismo día que la aprende. Este es el paso que de verdad la convierte en vocabulario "suyo", no solo escuchado.

En resumen

Que tu hijo diga siempre "cosa", "eso" o "chulo" no significa que tenga poco que contar, significa que todavía le faltan palabras precisas a mano, y esas palabras se construyen despacio, escuchándolas, entendiéndolas en contexto y usándolas él mismo, una y otra vez.

En Aprendibase encontrarás actividades y fichas pensadas para ampliar el vocabulario por categorías, trabajar sinónimos, antónimos y adjetivos descriptivos, y animar a que las palabras nuevas se usen de verdad en frases propias.