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Logopedia

Mi hijo no cuenta las cosas de forma ordenada: por qué empieza por el final y cómo ayudarle a organizar su relato

Empieza por el desenlace, salta de un tema a otro y hay que hacerle veinte preguntas para entender qué ha pasado. Te explicamos qué es el discurso narrativo y cómo se entrena en casa, contando cuentos y explicando el día a día.

Aprendibase
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4 de agosto de 2026
Hay un niño hablando con una mujer en un parque.

Vienes a buscarlo al cole y le preguntas qué tal el día. Te contesta: "¡Marcos se ha caído! Bueno, no, primero jugábamos al pilla-pilla, ah, y también nos han cambiado de sitio en clase, y entonces Marcos se ha caído de la silla y se ha reído la profe... o no, se ha reído después". Al final tienes que reconstruir la historia tú, a base de preguntas: "¿pero eso cuándo pasó, antes o después del recreo?". ¿Te suena?

Lo mismo pasa cuando os leéis un cuento juntos y le pides que se lo cuente a la abuela por teléfono: empieza por cómo termina, se deja al protagonista principal sin presentar, y de pronto menciona a un personaje que no ha salido antes, como si tú ya supieras quién es. La abuela cuelga sin haberse enterado de nada, y tú te quedas pensando si el problema es que no ha entendido el cuento o que, sencillamente, no sabe contarlo.

Casi siempre es lo segundo y se le llama: "discurso narrativo", es decir, la habilidad de organizar el pensamiento en una secuencia con principio, desarrollo y final, y ponerla en palabras para que otra persona pueda seguirla sin tener que preguntar. No depende de la inteligencia ni de las ganas de contar cosas, depende de una destreza que se aprende con la práctica, igual que se aprende a sumar o a atarse los cordones.

Contar bien una historia es más difícil de lo que parece

Cuando un adulto cuenta algo que le ha pasado, hace sin darse cuenta un trabajo enorme: decide qué información es relevante y cuál se puede omitir. Ordena los hechos en el tiempo, aunque en su cabeza le hayan venido en otro orden, presenta a los personajes y enlaza cada idea con la siguiente, usando palabras como "luego", "porque" o "después de que". Todo esto ocurre casi en automático, pero es el resultado de años de práctica narrando.

Un niño que todavía no ha automatizado este proceso, cuenta las cosas tal y como le van llegando a la cabeza: por asociación, por lo que más le ha impactado emocionalmente o por lo último que recuerda. No es desorden por desorden: es que le falta la habilidad mental que le ayuda a organizar el relato antes de empezar a hablar, y por eso, el oyente termina haciendo de detective, preguntando "¿y eso cuándo fue?" o "¿pero quién es ese niño?" para reconstruir algo que debería haber llegado ya ordenado.

Las piezas que hacen falta para contar con orden

El discurso narrativo no es una única habilidad, sino varias piezas que trabajan juntas. Está la secuenciación temporal: saber distinguir qué ocurrió primero, qué ocurrió después y qué ocurrió al final. Está la estructura clásica de inicio-nudo-desenlace, este esquema, que sin darnos cuenta usamos siempre que contamos algo con sentido. Está identificar los elementos clave de una historia (quién, dónde, qué pasa), sin los cuales, el oyente se pierde desde el primer minuto. Y está el uso de conectores que hacen de unión entre una idea y la siguiente, dando pistas de tiempo y de causa.

A esto se suma una habilidad más sutil todavía: seleccionar lo relevante frente a lo menos relevante.

Un niño que no ha entrenado esto, puede detenerse tres minutos en el color de la mochila de un compañero y despachar en una frase el momento clave de lo que quiere contar. No es que no distinga la importancia de las cosas en general, es que, al narrar, todavía no tiene el criterio para decidir qué se cuenta y qué se deja fuera.

Por qué se nota tanto en la vida real como en los cuentos

Una de las cosas más interesantes de esta dificultad es que aparece igual cuando el niño cuenta algo que le ha pasado de verdad (una excursión, una pelea en el recreo) que cuando explica un cuento que acaba de escuchar o leer. Esto es una pista útil: si el problema fuera solo de comprensión lectora, solo se notaría con los cuentos. Si aparece también al contar vivencias propias, apunta más bien a la organización del discurso en sí, no a la comprensión del texto.

Este desajuste repercute negativamente en el día a día. Por ejemplo, en el colegio, cuando le piden que cuente oralmente lo que ha leído o lo que ha hecho el fin de semana, puede dar la impresión de que "no se ha enterado" aunque en realidad lo tenga todo claro en la cabeza, solo que no sabe organizarlo hacia fuera. Por ejemplo, en casa, las conversaciones se alargan innecesariamente porque hay que preguntar mucho para entenderle y eso a veces genera impaciencia en quien escucha, que es justo lo contrario de lo que el niño necesita para seguir expresándose con confianza.

Señales que conviene observar

  • Empieza a contar una historia por el final o por el momento que más le ha impactado o le ha gustado.
  • Hace falta hacerle bastantes preguntas ("¿y eso cuándo?", "¿pero quién es ese?") para dirigir o reconstruir lo que quiere contar.
  • Nombra personajes o hechos sin presentarlos antes, como si el oyente ya los conociera.
  • Mezcla el orden de los sucesos, sobre todo cuando está emocionado o el relato tiene varios pasos.
  • Le pasa igual al contar algo vivido que al contar un cuento que acaba de escuchar o leer.
  • Se detiene mucho en detalles que son irrelevantes o adornos y despacha en una oración, la parte más importante.
  • Apenas usa conectores de tiempo o causa ("luego", "porque", "después de que") y encadena las frases con "y" repetido.

Cómo trabajarlo en casa, sin que parezca un examen

La buena noticia es que el discurso narrativo se entrena de forma muy natural, dentro de las rutinas que ya existen en cualquier casa: contar el cuento de antes de dormir, comentar cómo ha ido el día o narrar una foto del móvil. No hace falta convertirlo en un ejercicio formal para que funcione.

  • Pídele que cuente un cuento usando "primero... luego... al final...". Puedes ayudarle las primeras veces y cuando coja soltura, servirle de guía.
  • Antes de que empiece a contar algo, pregúntale "¿quién sale en esta historia y dónde pasa?" para que se acostumbre a presentar el contexto.
  • Cuando se salte algo o se líe con el orden, pregúntale con curiosidad en vez de corregir: "espera, ¿eso fue antes o después de...?".
  • Ordena juntos viñetas de un cuento conocido o fotos de una excursión y luego que las cuente en voz alta siguiendo ese orden.
  • Modela tú el relato ordenado al contar tus propias cosas: el niño aprende mucho escuchando cómo organiza la historia un adulto.
  • Ayúdale a identificar qué es lo importante de lo que ha pasado con una pregunta sencilla: "si solo pudieras contar una cosa, ¿cuál sería?".

En Aprendibase encontrarás actividades pensadas para trabajar la secuenciación, la estructura inicio-nudo-desenlace y el uso de conectores, con fichas graduadas por edad para practicar poco a poco.

En resumen

Que tu hijo cuente las cosas desordenadas no significa que no haya entendido lo que le ha pasado o lo que ha leído: significa que todavía está aprendiendo a organizar su pensamiento en un relato que otra persona pueda seguir sin necesidad de preguntarle.

Es una habilidad como cualquier otra, y cuanto más se practica en casa, con paciencia y sin prisa, más fácil resulta después contar un cuento, explicar un problema de matemáticas o narrar cómo ha ido el día.